La Nostalgia del Ayer y la Sorpresa del Mañana
En el baúl de los días que fueron,
donde los abrazos tenían otro peso,
se quedan las risas, los silencios,
el eco suave de un adiós pausado.
El ayer es un río que nunca regresa,
un cuadro que cuelga en la pared del alma.
Nos miramos en sus aguas,
y a veces, quisieras quedarte ahí,
donde el tiempo aún no conocía el miedo.
Pero el mañana, ¡ah, el mañana!,
es un niño travieso jugando con las nubes,
un misterio envuelto en promesas,
un salto al vacío donde el vértigo es vida.
Es ese café que aún no tomaste,
el poema que espera en tu pluma,
el beso que dará sentido a todo.
La nostalgia del ayer nos llama al susurro,
nos acaricia con su melancolía dulce,
pero la sorpresa del mañana es un tambor,
es un grito, una chispa, una hoguera.
Así vivimos, entre dos fuerzas opuestas,
el ayer que nos construye,
el mañana que nos reta.
Y en el centro, nosotros,
mortales pero infinitos,
desvelándonos en este instante,
que siempre será nuestro.
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