sábado, 29 de marzo de 2025

 




"Renacer de la Inocencia en Cada Beso"


En la quietud de sus manos que han tejido historias, se asoma el candor de una niña que vuelve a nacer. Mamá Martucha acaricia al osito con la misma ternura con la que antaño consolaba a sus hijos, y en cada beso al peluche se dibuja la alegría de quien aún quiere saborear la vida. Entre mantas coloridas y risas susurradas, ella nos recuerda que el corazón no envejece; solo vuelve a encontrar la inocencia y la simpleza del amor en su forma más pura

Trovador del Alba (29/03/2025)

domingo, 23 de marzo de 2025

 

“Entre Fosas y Esperanzas”



Epílogo — Semillas que resisten

        Este texto final cierra el viaje emocional de Entre fosas y esperanzas como un acto de resistencia colectiva: no es un adiós, sino un compromiso renovado con la memoria y la búsqueda de justicia. Después de atravesar el dolor de la desaparición, la deshumanización y la lenta reconstrucción del sobreviviente, el epílogo reúne todas esas voces dispersas para transformar el dolor en semillas de cambio. Sirve como pacto con quienes siguen buscando —madres, familias, sobrevivientes— y con el lector, invitándolo a no olvidar, a no normalizar el horror, sino a mantener viva la urgencia de nombrar lo que fue silenciado y a alimentar la esperanza que brota incluso en la tierra más árida.

  

Aquí, donde el polvo guarda historias rotas

y las cenizas aún duermen en el aire,

cerramos el círculo de voces y heridas.

 

No hay adiós definitivo entre fosas y esperanzas:

cada verso es semilla que brota en la memoria,

un latido persistente contra el silencio.

 

Sobrevivimos al fuego, al olvido impuesto,

con la urgencia de nombrar lo que nunca quiso ser nombrado.

Nuestros pasos quedan impresos en este camino

—huellas que desafían la sombra—

hasta que la tierra devuelva todo lo que le fue arrebatado.

 

Que este cierre sea un pacto:

seguir buscando, seguir viviendo, seguir floreciendo.

Trovador del Alba (marzo 2025)

 

 “Entre Fosas y Esperanzas”


Vida antes que cenizas

Este poema nace desde la voz de una madre buscadora —una mujer que ha recorrido caminos de polvo y dolor en busca de su hijo desaparecido— ante la terrible disyuntiva que impone el crimen organizado: la muerte ignominiosa convertida en cenizas, o la sobrevivencia marcada por el fuego y el trauma. En un contexto donde las estrategias de “abrazos, no balazos” y frases como “amor con amor se paga” se convierten en promesas rotas frente al horror de fosas clandestinas y campos de exterminio, esta pieza reivindica una verdad elemental: la vida, por más quebrada que sea, siempre vale más que cualquier forma de olvido. Es un canto urgente a la esperanza y la justicia, un testimonio poético de la insistencia de las madres que se niegan a aceptar que sus hijos sean reducidos a cenizas.

 


Madre que araña la tierra con sus manos

buscando latidos donde sólo hubo silencio,

rechaza la promesa hueca de “amor con amor”

cuando la muerte viste de humo y despojos.

 

Prefiere el cuerpo marcado por el fuego

—cicatriz que grita que aún respira—

a la certeza mortaja de cenizas

que no dejan voz ni nombre.

 

Porque en la sombra de sus ojos vivos

vive el eco de un abrazo pendiente,

la urgencia de un “mamá” entre susurros

que el viento no pudo arrasar.

 

La vida, por más quebrada que venga,

es semilla de memoria y justicia;

las cenizas, la tumba sellada

donde se pierde toda esperanza.

 

Madre buscadora: en su fe insistente

alumbra el camino de regreso,

sabe que un corazón herido late

más fuerte que el silencio de la muerte.

 


Trovador del Alba (marzo 2025)

 

 “Entre Fosas y Esperanzas II… Vivo muriente”




El Camino del Regreso

Este poema nace de la voz quebrada pero valiente de quien logró escapar de los campos de exterminio del crimen organizado —un sobreviviente que carga sobre sus hombros el peso de lo vivido— y enfrenta ahora el desafío de regresar a un mundo que ya no reconoce. Entre el terror de haber sido despojado de su identidad y el estigma que lo señala como posible agresor, surge el dilema angustiante de buscar su lugar en la vida cotidiana. Es el testimonio íntimo de un alma fragmentada por el horror, pero decidida a caminar de vuelta hacia la luz, a pesar del miedo que aún late en cada paso

 

Camino con mi sombra

en un sendero teñido de dudas,

la noche aún murmura

secretos de un infierno que me marcó.

 

Cada paso retumba

con el eco de gritos y silencios,

la piel herida aún siente

el calor del fuego y el frío del abandono.

 

Vivo muriente, dicen;

sobreviviente, insisten,

pero en mis ojos se esconde

el miedo a un regreso incierto,

a enfrentar un mundo

que ya no me reconoce.

 

¿Cómo regresar

a esa vida de calles y abrazos

si cada esquina es un recuerdo

de gritos y ausencias

de aquellos que el olvido se llevó?

 

Mi alma, fragmentada

entre el dolor y la esperanza,

duda si el amanecer

logrará disipar la penumbra

de un pasado que no cesa de perseguir.

 

Pero en el temblor de mis manos

descubro la fuerza

de una lucha que se niega a callar,

un deseo de reconstruir,

aunque el camino

esté sembrado de sombras

y el miedo me haga dudar.

 

Hoy, mi regreso es un reto,

una invitación al duelo

por la identidad perdida

y a la dignidad rota.

Cada latido,

aunque marcado por la guerra,

es la promesa de que aún puedo renacer,

a pesar del miedo, a pesar del ayer.


Trovador del Alba (marzo 2025)

 

“Entre Fosas y Esperanzas II… Vivo muriente”



Vivo muriente”

Este espacio surge desde la voz rota pero decidida de quienes lograron huir de los campos de exterminio —los llamados “vivos murientes”— y enfrentan el desafío más grande: regresar al calor de un hogar que ya no reconoce su propio reflejo. Nacidos en la lógica perversa de reclutamiento, violencia y rituales de muerte, estos sobrevivientes cargan sobre la piel y el alma las cicatrices de un infierno diseñado para destruir la humanidad. “Vivo muriente” es el testimonio poético de ese limbo entre la vida y la muerte, del anhelo profundo de reencontrar a quienes aman y la angustia paralizante del miedo —al cártel, al estigma, a la indiferencia— que les impide volver a ser simplemente hijos, hermanos, amigos. En cada verso late la tensión de un corazón marcado por el fuego, buscando renacer en medio de las sombras

Trovador del Alba (marzo 2025)


 “Entre Fosas y Esperanzas”




Pago de Cenizas

Si yo fuera una madre buscadora —una mujer que ha hollado tierra seca y húmeda en busca de mi hijo desaparecido— esas palabras resonarían como un puñal envuelto en. “El amor con amor se paga; el odio con odio no se paga nada” podría leerse, en boca de quien detenta el poder, como una invitación a la pasividad frente a la injusticia. ¿Cómo pago yo con amor las cenizas de un abrazo que nunca volverá? ¿Con qué amor respondo al silencio cómplice de las autoridades, a los narcos que sembraron fosas donde germinan mis pesadillas?

Para mí, ese mensaje no es consuelo sino exigencia: me pide perdonar al agresor mientras el Estado, garante de mi derecho a la verdad y la justicia, me abandona en el camino. No hay paz posible sin respuestas, ni amor que mitigue el dolor de la ausencia. El verdadero pago que busco no es el perdón —es la justicia—, y esa deuda solo se salda encontrando a los desaparecidos, señalando a los culpables y reconstruyendo la dignidad que nos arrebataron.


Amor con amor se paga —

me dijeron desde el púlpito del poder —

pero ¿cómo pago yo el vacío

de un hijo que la tierra tragó?

 

Camino entre huesos sin nombre,

con la fe clavada en cada palada,

mientras la frase se desliza

como pétalo venenoso en la boca.

 

No quiero saldar deuda alguna

con el verdugo que tejió mi duelo;

mi pago es la verdad escarbada

en la memoria de la tierra rota.

 

El odio —dicen— no devuelve nada,

pero mi rabia es el fuego que ilumina

los mapas clandestinos de fosas,

la urgencia de rostros hallados.

 

Amor, sí: amor de madre insistente,

que no calla, que no perdona el silencio,

que exige justicia antes que olvido,

y transforma cenizas en palabra.

 

Trovador del Alba (marzo 2025)

 

“Entre Fosas y Esperanzas”





Entre fosas y esperanzas, les dimos abrazos — y nos dejaron cenizas.

Este poema surge como una respuesta dolorosa y urgente al lema presidencial “abrazos, no balazos” —la estrategia de seguridad impulsada por Andrés Manuel López Obrador durante su sexenio (20182024)— que prometía resolver la violencia mediante la reconciliación en lugar de la confrontación armada. Sin embargo, en lugar de paz y protección, miles de familias mexicanas recibieron el frío de la muerte y la impunidad: fosas clandestinas llenas de cuerpos, comunidades fragmentadas y un paisaje marcado por cenizas que simbolizan tanto la pérdida de vidas como el fracaso de una política que apostó al diálogo con los narcoterroristas, pero terminó dejando tras de sí sólo ruinas y promesas quebradas.



 

Entre el viento que arrastra memorias

y el silencio que pesa como plomo,

alzamos nuestros brazos

bajo el lema de “abrazos, no balazos”,

con la ternura de quien ofrece refugio.

 

Les dimos abrazos —

piel contra piel, latidos compartidos —

como si el mundo pudiera sostenerse

en la fe de un gobierno que hablaba de paz.

 

Pero en el eco de sus promesas

brotó la frialdad de la nada:

los narcoterroristas respondieron

con fosas clandestinas y cuerpos sin nombre,

dejando tras de sí un rastro de humo,

el polvo gris de lo que fuimos.

 

Y ahora caminamos

entre fosas y esperanzas,

con las manos vacías

y el corazón cubierto de cenizas.

 

Trovador del Alba (marzo 2025)


sábado, 22 de marzo de 2025

 


“Entre Fosas y Esperanzas”




“Más de 123 000 ausencias que reclaman verdad”

En cada rincón de México late un agujero de impunidad: más de 123 000 personas desaparecidas, esparcidas como cifras frías en un mapa que arde de dolor. Estas no son estadísticas, sino nombres, historias y familias destrozadas que claman respuestas donde sólo encuentran silencio.

Jalisco — 15 015                           ausencias que retumban en plazas vacías.
Estado de México — 13 665        corazones esperando un regreso imposible.
Tamaulipas — 13 315                   pasos borrados por la violencia.
Veracruz — 7 019                         voces ahogadas entre cenizas y huesos.
Nuevo León — 6 852                    sueños truncados en cruces de carretera.
Michoacán — 6 555                      promesas sepultadas bajo la tierra.
Sinaloa — 6 194                            vidas convertidas en silencio.
Ciudad de México — 6 033          rostros que nunca volverán a casa.
Sonora — 5 208                             familias rotas en la impunidad.
Guerrero — 4 379                         gritos que exigen justicia.
Chihuahua — 3 944                      pasos perdidos en el desierto de la indiferencia.
Baja California — 3 914               huellas borradas por el olvido.
Zacatecas — 3 887                         ausencias que desgarran la cotidianidad.
Coahuila — 3 657                          sombras que la sociedad ignora.
Guanajuato — 3 093                     vidas que reclaman memoria.
Puebla — 3 088                             corazones que laten en el vacío.

Tabasco (2 486), Morelos (1 977), Nayarit (1 885), Chiapas (1 515), Quintana Roo (1 464), Colima (1 360), Hidalgo (1 187), San Luis Potosí (1 173), Durango (1 093), Baja California Sur (1 018), Oaxaca (746), Querétaro (623), Aguascalientes (474), Yucatán (284), Tlaxcala (150), Campeche (107).

 En cada uno de estos estados se cuentan miles de ausencias que claman justicia —heridas abiertas en el mapa de un país que no puede ni debe olvidar—

¿Cuántos más harán falta para romper el pacto de silencio? 

Cada número exige justicia. Cada ausencia interpela a un Estado que prefiere ocultar la tragedia antes que enfrentarla. 

¿Hasta cuándo permitiremos que el dolor de miles siga siendo invisible?

Trovador del Alba (marzo 2025)

 


 

“Entre Fosas y Esperanzas”





                        Veracruz, campos de ausencia y llanto

En Veracruz, la violencia no solo desaparece personas: las reduce a restos dispersos en campos de exterminio que llevan operando más de una década. Desde enero de 2016, cuando en El Limón —Tlalixcoyan— fueron hallados más de 3 000 fragmentos óseos junto a herramientas de tortura, hasta 2017, cuando en La Gallera —Tihuatlán— apareció un horno de cenizas con cerca de 100 cuerpos carbonizados, y el hallazgo de 305 cráneos y más de 22 000 fragmentos óseos en Colinas de Santa Fe, se revela un patrón de brutalidad sistemática. Cada prenda, cada zapato, es el eco silenciado de madres, padres, hermanos y hermanas que siguen buscando a quienes el crimen organizado —con presunta complicidad policial— arrebató sin dejar rastro. Esta realidad numérica es también un clamor de dolor y denuncia: un llamado urgente a romper la impunidad y restituir la dignidad de miles de ausentes.

 

“El Limón, La Gallera y Colinas: mapas de horror”

 

En Tlalixcoyan, 2016 —El Limón—

más de 3 000 huesos susurran dolor,

mientras madres trazan rutas de llanto

en tambos con ácido, en un hacha sin perdón.

 

En Tihuatlán, 2017 —La Gallera—

≈100 restos carbonizados

son cenizas que arden en el pecho

de familias que aún buscan cuerpos.

 

En Colinas de Santa Fe, norte de Veracruz,

305 cráneos y +22 000 fragmentos

son la memoria enterrada de hijos,

hermanos, esposos que no volverán.

 

Cada cifra es un nombre que duele,

cada trozo de ropa un abrazo roto,

cada zapato hallado un grito ahogado

de madres, esposas y hermanos

que esperan respuestas que nunca llegan.

 

Tres lugares marcados por el horror,

tres geografías de exterminio —

la crueldad convertida en estadística—

mientras el poder cava tumbas de impunidad

y las familias cargan el peso infinito

de la ausencia y la esperanza quebrada.

 

Trovador del Alba (marzo 2025)


 


“Entre Fosas y Esperanzas”



                                                “Buscando pasos perdidos”

En una vigilia frente al micrófono abierto, velas encendidas y fotografías esparcidas en el suelo, una joven de voz quebrada contó la historia que millones de familias en México viven cada día: busca a su hermano desde el 11 de julio de 2018 —todo el sexenio de Enrique Alfaro y los primeros meses de Pablo Lemus— sin más rastro que sus zapatos desaparecidos. Mientras su madre reza noche y día, ella remueve la memoria de un cuarto intacto, tratando de encontrar en objetos ajenos la prueba de que él sigue vivo.

 

En su cuarto todo permanece intacto —

un silencio tejido de esperanzas rotas—

salvo el hueco donde debían estar sus pasos,

los zapatos que lo llevaron lejos de casa.

 

Buscamos entre restos ajenos

el eco de un latido que se niega a callar;

cada prenda es un puñal, cada objeto un reclamo:

¿dónde está la vida que le arrebataron?

 

No somos cifras en un expediente,

somos madres, hermanos, hijos

que exigen respuestas y humanidad.

Y mientras falten esos zapatos,

no cesará nuestra marcha.


Trovador del Alba (marzo 2025)

 

“Entre Fosas y Esperanzas”




Mochila Vacía

Ya no buscaré más: la crueldad institucional en Rancho Izaguirre

Para Irma González, madre de Jossel —desaparecido desde mayo de 2021— la búsqueda llegó a su fin el 20 de marzo de 2025. Viajó desde Atlixco, Puebla, con la esperanza de encontrar algún rastro de su hijo en el Rancho Izaguirre. Tras más de 24 horas de negativas, empujones y la indignante prioridad que el gobierno dio a la prensa sobre las familias, Irma reconoció solo la mochila de Jossel entre pertenencias esparcidas como trofeos en un falso “recorrido oficial”. Con el peso de esa cruel evidencia, pronunció las palabras que ningún padre debería articular:

 


Entré al rancho sin pedir permiso —

buscaba vida, hallé silencio.

Me mostraron pertenencias como trofeo,

convertida en atracción, no en justicia.

 

“¿Dónde están sus pasos?” grité entre llanto,

mientras el gobierno alzaba el telón

de un museo macabro de ausencias.

Aquí no hay respuestas, solo burlas —

y una mochila que pesa más que el dolor.


Trovador del Alba (marzo 2025)


 


“Entre Fosas y Esperanzas”



                                        Zoológico de Ausencias

En marzo de 2025, madres buscadoras viajaron al Rancho Izaguirre con la esperanza de encontrar respuestas; en cambio, encontraron indiferencia y burla por parte del gobierno. Lo que debía ser un acto de diligencia se convirtió en un espectáculo doloroso: familiares expuestos como curiosidad, sin avances reales en la búsqueda de sus seres amados. Alejandra Cruz, con el corazón hecho trizas, confesó entre lágrimas que ese día sintió más dolor que nunca. Este nace de esa herida abierta —un grito breve que denuncia la negligencia institucional y reclama justicia para quienes siguen desaparecidos.

 


Entré buscando a mi hijo —no espectáculo—

pero el gobierno abrió jaulas de indiferencia,

nos exhibió como curiosidad triste,

mientras yo sólo quería hallarlo.

 

Sentí más dolor que esperanza;

su burla es piedra en mi pecho,

y mi grito se alza como denuncia:

no somos museo de su negligencia.

 

Trovador del Alba (marzo 2025)


 


“Entre Fosas y Esperanzas”



                                                            Tenis Blancos

Con apenas 19 años, Merani cargaba en sus pies unos tenis blancos llenos de ilusión y la promesa de aliviar el peso que su madre llevaba en el corazón. Salió temprano, con la brisa fresca del amanecer colándose entre sus sueños de cortar fresas y duraznos bajo el sol de Jalisco, sin imaginar que ese viaje sería su último abrazo a la vida. Su voz llegó cálida y confiada en un mensaje: “Ya llegué, me esperan”, antes de desvanecerse en un silencio tan profundo que desgarró a su familia. Meses después, sus pertenencias aparecieron esparcidas en Rancho Teuchitlán —los mismos tenis que estrenó con esperanza— recordándonos que lo que buscaban no era más que un futuro, y lo único que encontraron fue la crueldad de su ausencia.

 

Partiste con la ilusión bordada en los cordones,

tenis blancos como promesa de un mañana florecido.

Querías cortar fresas, duraznos —no alas—,

llenar la tierra de tus sueños y la mesa de tu madre.

 

Tu último mensaje fue un puente tendido al futuro:

“Ya llegué, me esperan”.

Pero el camino se quebró en silencio

y el eco de tu voz se perdió en la nada.

 

Afuera del Rancho Teuchitlán quedaron tus pertenencias:

el blanco de tus tenis, tu blusa como un suspiro,

la Biblia que abrazaba tus esperanzas,

la maleta cargada de promesas sin destino.

 

Encontrarte fue hallar el hueco de tu ausencia,

la crueldad de un final que no pediste.

Merani, tus alas fueron cercenadas antes de volar,

pero tu paso —aunque detenido—

marca para siempre la urgencia de justicia.

 

Trovador del Alba (marzo 2025)

 

“Entre Fosas y Esperanzas”





                                                                “Huella detenida”

En el pequeño poblado de Rancho Teuchitlán, una madre compartió en redes sociales el desgarrador momento en que reconoció un único zapato: el último vestigio de su hija desaparecida. Ese par que eligieron juntas para una entrevista de trabajo se convirtió en la evidencia más cruel de una búsqueda que no encontró más que vacío. Entre la impotencia y el dolor, surge como un testimonio breve pero eterno de un amor que no entiende despedidas.

 

Solo un zapato —

la huella muda de tu paso detenido.

Era tuyo: regalo de cumpleaños,

compañero de sueños a punto de empezar.

 

Ahora solo queda el vacío

donde habitaba tu risa,

y ese cuero olvidado

que guarda la última palabra:

ya no estás.


Trovador del Alba (marzo 2025)


 

“Entre Fosas y Esperanzas”



Nos lo dijeron: el grito que nunca debimos ignorar

En México, las voces que advierten no deberían perderse en el viento. Desde aquel histórico encuentro en el Castillo de Chapultepec hasta la desgarradora carta de María Elena en 2015, el clamor de las madres de desaparecidos ha sido un grito de alerta que la sociedad —con dolorosa ingenuidad— prefirió ignorar. Hoy, ante más de 124 000 ausencias registradas, recuperamos ese grito para recordarnos que la indiferencia también mata.

Nos lo dijeron

 

Nos lo dijeron—

las voces quebradas de madres

con manos abiertas al vacío,

susurrando en los pasillos de la historia

que la muerte avanza a paso lento,

que el silencio alimenta el olvido.

 

Nos lo dijeron—

cuando el Castillo de Chapultepec tembló

bajo la voz de María Elena,

cuando su grito atravesó el poder

como un disparo de verdad:

“Nos están matando lentamente”.

 

Nos lo dijeron—

en cada nombre borrado de un registro,

en cada calle que engulle promesas,

en cada lágrima que la sociedad

decidió ignorar creyendo

que nunca le tocaría a su puerta.

 

Nos lo dijeron—

y aun así seguimos ciegos, sordos,

tejiendo un manto de indiferencia

sobre más de 124 000 ausencias

que gritan justicia

desde el hueco de la memoria.

 

Hoy el poema es un puño levantado:

¡Despierten!

Porque el olvido es cómplice

y nadie —nadie—

es intocable.

 

Trovador del Alba (marzo 2025)

 

“Entre Fosas y Esperanzas”





Rastros que hablan

 

En la tierra húmeda de Teuchitlán

yace un silencio tejido en algodón:

una blusa azul, un pantalón raído,

unos zapatos que nunca regresaron.

 

Cada hebra —un susurro de piel—

cada botón intacto —un latido detenido—

hablan con la voz quebrada de quienes esperan:

madres que memorizan colores,

hermanas que repasan pliegues como caricias.

 

Los restos son ausencia, sí,

pero también promesa:

un rastro minúsculo

que reaviva la llama imposible

de saber dónde duerme el cuerpo

y cerrar la herida con un nombre.

 

En ese puñado de tela

se enredan mil despedidas no dichas,

un puño cerrado de esperanza

que se niega a soltar la búsqueda.

Porque aún entre el lodo y la nada,

la memoria resiste —fuerte, tenue—

y reclama cada vida extraviada

hasta devolverla, por fin, al abrazo.

 

Trovador del Alba (marzo 2025)

 

“Entre Fosas y Esperanzas”




“Doce Vestidos y Cuarenta y Siete Ausencias”

 

En un páramo de tierra seca

y lodo encarnado en silencios,

reposan cuarenta y siete blusas:

testigos mudos de ausencias.

 

Negra como el miedo, café de incertidumbre,

roja de gritos que nunca llegaron,

amarilla de esperanza descolorida,

verde de vida arrancada antes de florecer.

 

Cada hilo, un nombre que no sabemos;

cada talla, un cuerpo que se esfumó

más allá de la maleza,

más allá del frío filo de la impunidad.

 

Y junto a ellas —doce vestidos—

destellos de fiesta convertidos en duelo:

negro con lentejuelas que ya no brillarán,

azul marino bordado en lágrimas,

rosarojocafébeige como piel robada.

 

¿Qué canción se quedó en silencio

cuando esas mujeres fueron arrancadas

de su mañana, de sus hogares,

para perderse en el mapa del horror?

 

¿Fueron halconas, cocineras, víctimas?

¿O cenizas en la memoria del rancho

donde el viento levanta su nombre

como un susurro que nadie escucha?

 

En esta tierra sin olvido,

las prendas son epitafios:

fragilidad teñida de lodo,

resistencia clavada en cada costura.

 

Que alguien pregunte —y escuche—

el eco de sus pasos ausentes;

que alguien levante su historia

del polvo donde la hicieron cenizas.

 

Trovador del Alba (marzo 2025)

 


“Entre Fosas y Esperanzas”



Teuchitlán en Silencio

En la tierra donde crece menos vida
y florece el hueso como amapola marchita,
las sombras se visten de montaje
y el viento se burla de las madres buscadoras.

Hay quienes construyen mentiras
con zapatos huérfanos, mochilas rotas,
y llaman “falso campo” a la herida abierta
que sangra secretos en cada sendero.

En este país de luto cotidiano
la duda es puñal que atraviesa memorias;
la incredulidad, un muro
que protege a quienes guardan impunidad.

¿Quién atreve su voz contra el silencio
cuando el olvido tiene nombre de Estado?
¿Quién recogerá las piezas dispersas
de cuerpos que el odio quiso enterrar?

Aquí, donde el dolor es moneda corriente
y la justicia un espejismo de humo,
las madres son constelaciones de rabia
que alumbran la noche con preguntas insistentes.

No basta desmontar el montaje
si no desmantelamos la verdad corroída,
si no hacemos de la indignación un puente
para cruzar del miedo al grito compartido.

Porque en cada zapato dejado a la intemperie
vive la urgencia de un nombre no pronunciado,
y en cada paso hacia el hallazgo
se perfila la única victoria posible:
la memoria que se niega a morir.

Trovador del Alba (marzo 2025)

 

“Entre Fosas y Esperanzas”





Estadísticas que rasgan el silencio


5 696 fosas clandestinas

cavidades abiertas en el vientre de la tierra,

susurros sepultados que laten en la oscuridad,

cada hueco un latido que la memoria no olvida.

 

124 000 almas extraviadas

tantas sillas vacías que guardan su eco,

tantas camas sin sueño ni regreso,

tantas manos que siguen buscando piel.

 

570 municipios salpicados de ausencia —

un mapa punzado por agujas de silencio,

cada punto un llanto que se expande como lluvia.

 

668 fosas en Veracruz, 554 en Tamaulipas,

498 en Guerrero, 484 en Sinaloa, 415 en Chihuahua —

números que pesan más que piedras,

números que son nombres que quieren volver a casa.

 

152 fosas en Colinas de Santa Fe —

298 cráneos como testigos de un horror sin tiempo,

22 500 restos que aún sueñan con ser nombrados.

 

1 308 objetos en Teuchitlán —

zapatos sin pisadas, cobijas sin abrigo,

playeras sin cuerpos que las habiten,

cada prenda un abrazo imposible.

 

570 municipios

una promesa rota, una esperanza renacida

en las manos de quienes siguen cavando,

en los pasos firmes de madres y buscadores

que transforman dolor en luz.

 

Porque detrás de cada cifra hay un latido,

una historia que pide ser contada,

una voz que no cesa de gritar:

“Aquí estamos. No olviden nuestros nombres.”


  Trovador del Alba (marzo 2025)

  A veces aún te extraño Hay días que pasan sin ruido sin nada que quiera volver me acostumbro a lo que he sido después de aprender a per...