“Entre Fosas y Esperanzas II… Vivo muriente”
El Camino del Regreso
Este poema nace de la voz quebrada pero valiente de quien logró escapar de los campos de exterminio del crimen organizado —un sobreviviente que carga sobre sus hombros el peso de lo vivido— y enfrenta ahora el desafío de regresar a un mundo que ya no reconoce. Entre el terror de haber sido despojado de su identidad y el estigma que lo señala como posible agresor, surge el dilema angustiante de buscar su lugar en la vida cotidiana. Es el testimonio íntimo de un alma fragmentada por el horror, pero decidida a caminar de vuelta hacia la luz, a pesar del miedo que aún late en cada paso
Camino con mi sombra
en un sendero teñido de dudas,
la noche aún murmura
secretos de un infierno que me marcó.
Cada paso retumba
con el eco de gritos y silencios,
la piel herida aún siente
el calor del fuego y el frío del abandono.
Vivo muriente, dicen;
sobreviviente, insisten,
pero en mis ojos se esconde
el miedo a un regreso incierto,
a enfrentar un mundo
que ya no me reconoce.
¿Cómo regresar
a esa vida de calles y abrazos
si cada esquina es un recuerdo
de gritos y ausencias
de aquellos que el olvido se llevó?
Mi alma, fragmentada
entre el dolor y la esperanza,
duda si el amanecer
logrará disipar la penumbra
de un pasado que no cesa de perseguir.
Pero en el temblor de mis manos
descubro la fuerza
de una lucha que se niega a callar,
un deseo de reconstruir,
aunque el camino
esté sembrado de sombras
y el miedo me haga dudar.
Hoy, mi regreso es un reto,
una invitación al duelo
por la identidad perdida
y a la dignidad rota.
Cada latido,
aunque marcado por la guerra,
es la promesa de que aún puedo renacer,
a pesar del miedo, a pesar del ayer.
Trovador del Alba (marzo 2025)

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