domingo, 23 de marzo de 2025

 “Entre Fosas y Esperanzas II… Vivo muriente”




El Camino del Regreso

Este poema nace de la voz quebrada pero valiente de quien logró escapar de los campos de exterminio del crimen organizado —un sobreviviente que carga sobre sus hombros el peso de lo vivido— y enfrenta ahora el desafío de regresar a un mundo que ya no reconoce. Entre el terror de haber sido despojado de su identidad y el estigma que lo señala como posible agresor, surge el dilema angustiante de buscar su lugar en la vida cotidiana. Es el testimonio íntimo de un alma fragmentada por el horror, pero decidida a caminar de vuelta hacia la luz, a pesar del miedo que aún late en cada paso

 

Camino con mi sombra

en un sendero teñido de dudas,

la noche aún murmura

secretos de un infierno que me marcó.

 

Cada paso retumba

con el eco de gritos y silencios,

la piel herida aún siente

el calor del fuego y el frío del abandono.

 

Vivo muriente, dicen;

sobreviviente, insisten,

pero en mis ojos se esconde

el miedo a un regreso incierto,

a enfrentar un mundo

que ya no me reconoce.

 

¿Cómo regresar

a esa vida de calles y abrazos

si cada esquina es un recuerdo

de gritos y ausencias

de aquellos que el olvido se llevó?

 

Mi alma, fragmentada

entre el dolor y la esperanza,

duda si el amanecer

logrará disipar la penumbra

de un pasado que no cesa de perseguir.

 

Pero en el temblor de mis manos

descubro la fuerza

de una lucha que se niega a callar,

un deseo de reconstruir,

aunque el camino

esté sembrado de sombras

y el miedo me haga dudar.

 

Hoy, mi regreso es un reto,

una invitación al duelo

por la identidad perdida

y a la dignidad rota.

Cada latido,

aunque marcado por la guerra,

es la promesa de que aún puedo renacer,

a pesar del miedo, a pesar del ayer.


Trovador del Alba (marzo 2025)

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