domingo, 29 de marzo de 2026

 


Todo empezó con un “cuéntame…”

No fue planeado.
Ni buscado.
Ni siquiera probable.

Dos caminos que ya se habían dado por cerrados
se cruzaron en un lugar cualquiera,
a una hora cualquiera,
como si la vida no hubiera terminado de acomodar las cosas.

Nos miramos con esa mezcla incómoda
de reconocimiento y distancia.
Como quien ve un lugar que alguna vez fue casa.

—Cuéntame… —dijiste.

Y en esa palabra cabía todo:
los años que no estuvimos,
las versiones que fuimos sin el otro,
las preguntas que nunca se hicieron
y las respuestas que llegaron tarde.

Hablamos de lo evidente:
trabajo, rutinas, cambios.
Pero lo importante iba por debajo,
como esas corrientes que no se ven
y, sin embargo, mueven todo.

En algún momento nos reímos.
Y ahí supe que no todo se había perdido.

No hubo promesas.
No hubo intentos de reconstruir lo que fue.
Solo ese instante suspendido
en el que entendimos algo en silencio:

Hay historias que no regresan,
pero tampoco se van.

Nos despedimos sin dramatismo.
Como quien cierra un libro
que nunca dejó de estar abierto.

Y al irme, pensé
que a veces la vida no te devuelve a alguien
para quedarte,
sino para recordarte
quién fuiste…
y todo lo que aún eres capaz de sentir.

Trovador del Alba

sábado, 21 de marzo de 2026

 

Cuando tus problemas terrenales están por terminar

Cuando tus problemas terrenales están por terminar,
no suena ninguna alarma.

No hay aviso.
No hay reunión pendiente.
No hay última oportunidad agendada en el calendario.

Solo hay silencio.

Ese silencio que no habías escuchado
porque siempre estabas resolviendo algo,
corriendo detrás de algo,
preocupado por lo que parecía urgente.

Y de pronto, todo eso pierde peso.

Las deudas ya no importan.
Las discusiones se vuelven pequeñas.
Las pendientes… irrelevantes.

Lo que queda es otra cosa.

Los rostros.
Las manos que sostuviste —o no.
Las palabras que dijiste…
y las que guardaste.

Ahí es donde cambia todo.

Porque entiendes que la vida
no era lo que cargabas,
sino lo que dejabas en otros.

Y entonces, con una claridad que duele,
descubres que el verdadero problema
nunca fue lo que te preocupaba…

sino lo que no te atreviste a vivir

Trovador del Alba

 


Algún día

Algún día
no seremos urgencia,
ni pendiente,
ni voz en el teléfono de alguien más.

Seremos apenas un nombre
que alguien intenta recordar
sin estar seguro.

Tal vez una foto
guardada en un cajón
que ya nadie abre.

O quizá ni eso.

Porque el olvido
no llega de golpe.
Llega despacio,
como quien apaga una casa
habitación por habitación.

Y un día, sin aviso,
nadie vuelve a encender la luz.

Entonces uno entiende
—demasiado tarde—
que lo importante nunca fue quedarse,
sino haber sido presencia
en la vida de alguien.

Haber tocado.
Haber sostenido.
Haber amado.

Porque si algo sobrevive al olvido,
no es el nombre.

Es lo que hicimos sentir.


Trovador del Alba

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