“Entre Fosas y Esperanzas”
Pago de Cenizas
Si yo fuera una madre buscadora —una mujer que ha hollado
tierra seca y húmeda en busca de mi hijo desaparecido— esas palabras resonarían
como un puñal envuelto en. “El amor con amor se paga; el odio con odio no se
paga nada” podría leerse, en boca de quien detenta el poder, como una
invitación a la pasividad frente a la injusticia. ¿Cómo pago yo con amor las
cenizas de un abrazo que nunca volverá? ¿Con qué amor respondo al silencio
cómplice de las autoridades, a los narcos que sembraron fosas donde germinan
mis pesadillas?
Para mí, ese mensaje no es consuelo sino exigencia: me pide
perdonar al agresor mientras el Estado, garante de mi derecho a la verdad y la
justicia, me abandona en el camino. No hay paz posible sin respuestas, ni amor
que mitigue el dolor de la ausencia. El verdadero pago que busco no es el
perdón —es la justicia—, y esa deuda solo se salda encontrando a los
desaparecidos, señalando a los culpables y reconstruyendo la dignidad que nos
arrebataron.
Amor con amor se paga —
me dijeron desde el púlpito del poder —
pero ¿cómo pago yo el vacío
de un hijo que la tierra tragó?
Camino entre huesos sin nombre,
con la fe clavada en cada palada,
mientras la frase se desliza
como pétalo venenoso en la boca.
No quiero saldar deuda alguna
con el verdugo que tejió mi duelo;
mi pago es la verdad escarbada
en la memoria de la tierra rota.
El odio —dicen— no devuelve nada,
pero mi rabia es el fuego que ilumina
los mapas clandestinos de fosas,
la urgencia de rostros hallados.
Amor, sí: amor de madre insistente,
que no calla, que no perdona el silencio,
que exige justicia antes que olvido,
y transforma cenizas en palabra.
Trovador del Alba (marzo 2025)
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