“Entre
Fosas y Esperanzas”
Veracruz, campos de ausencia y llanto
En Veracruz, la violencia no solo desaparece personas: las
reduce a restos dispersos en campos de exterminio que llevan operando más de
una década. Desde enero de 2016, cuando en El Limón —Tlalixcoyan— fueron
hallados más de 3 000 fragmentos óseos junto a herramientas de tortura, hasta
2017, cuando en La Gallera —Tihuatlán— apareció un horno de cenizas con cerca
de 100 cuerpos carbonizados, y el hallazgo de 305 cráneos y más de 22 000
fragmentos óseos en Colinas de Santa Fe, se revela un patrón de brutalidad
sistemática. Cada prenda, cada zapato, es el eco silenciado de madres, padres,
hermanos y hermanas que siguen buscando a quienes el crimen organizado —con
presunta complicidad policial— arrebató sin dejar rastro. Esta realidad
numérica es también un clamor de dolor y denuncia: un llamado urgente a romper
la impunidad y restituir la dignidad de miles de ausentes.
“El Limón, La Gallera y Colinas: mapas de horror”
En Tlalixcoyan, 2016 —El Limón—
más de 3 000 huesos susurran dolor,
mientras madres trazan rutas de llanto
en tambos con ácido, en un hacha sin perdón.
En Tihuatlán, 2017 —La Gallera—
≈100 restos carbonizados
son cenizas que arden en el pecho
de familias que aún buscan cuerpos.
En Colinas de Santa Fe, norte de Veracruz,
305 cráneos y +22 000 fragmentos
son la memoria enterrada de hijos,
hermanos, esposos que no volverán.
Cada cifra es un nombre que duele,
cada trozo de ropa un abrazo roto,
cada zapato hallado un grito ahogado
de madres, esposas y hermanos
que esperan respuestas que nunca llegan.
Tres lugares marcados por el horror,
tres geografías de exterminio —
la crueldad convertida en estadística—
mientras el poder cava tumbas de impunidad
y las familias cargan el peso infinito
de la ausencia y la esperanza quebrada.
Trovador del Alba (marzo 2025)
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