De
los que nunca dijeron adiós
Los
busco en la brisa que cuelga de los amaneceres,
en
la grieta de un muro donde el eco de sus nombres aún resiste,
en
la huella de un zapato descalzo en la tierra que calla.
Los
busco en la esquina donde solían esperar,
en
la taza de café que se enfría en la mesa,
en
la casa que nunca más tuvo luces prendidas.
Pero
no están.
O
quizás sí, pero en la sombra de lo que fue.
En
la lágrima que una madre deja caer sobre un pañuelo viejo,
en
el puño cerrado de un hermano que nunca se rindió,
en
los ojos vacíos de un amigo que aún les escribe cartas
aunque
nadie las lea.
Los
busco y me buscan.
Nos
buscamos.
Pero
hay manos que no se enlazan.
Hay
voces que no regresan.
Hay
abrazos que se quedaron a medio camino.
No
les dimos un adiós porque no sabíamos que era el último.
Porque
nadie nos avisa cuando el infierno se abre de pronto
y
se los traga.
Aquí
seguimos.
Nombrándolos.
Resistiéndolos.
Inventando
con cada palabra la certeza de que existen,
porque
la única muerte definitiva es el olvido,
y
a ellos no los vamos a olvidar.
Nunca.
Trovador del Alba (marzo 2025)

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