🐾 Entre Patas y Palabras
Saddam y Yo
No hacía falta gritar.
La orden flotó en el aire, y él ya sabía qué hacer.
Un gesto, una mirada, una intención clara:
y el salto no fue obediencia, fue complicidad.
Porque entrenar no es domar.
Es crear un lenguaje sin ruido,
donde el respeto se construye con paciencia,
y la lealtad se mide en segundos de atención plena.
Yo apunté con el dedo.
Saddam respondió con el alma.
Trovador del Alva

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