A quien me quiere…
A quien me quiere…
solo le pediría que me mire de verdad,
incluso cuando no sé explicarme.
Porque hay días en los que las palabras no alcanzan.
En los que uno siente demasiado
y no sabe por dónde empezar a decirlo.
Días en los que lo que duele
no tiene nombre,
y lo que pesa
no cabe en una conversación.
No es falta de confianza.
Es, a veces, falta de claridad.
Es estar habitado por algo
que todavía no entiendo del todo.
Por eso, a quien me quiere,
no le pediría respuestas,
ni soluciones inmediatas,
ni siquiera que comprenda todo.
Le pediría algo más difícil:
paciencia.
Presencia.
Una mirada que no juzgue
ni se impaciente
cuando me quedo en silencio.
Porque hay silencios que no son distancia,
son proceso.
Hay pausas que no son ausencia,
son intento.
Y hay momentos en los que uno
no necesita que lo arreglen,
sino que lo acompañen.
A quien me quiere,
le pediría que no confunda mi confusión con lejanía,
ni mi silencio con desinterés.
Que entienda que, a veces,
estoy tratando de volver a mí
para poder volver mejor a los demás.
Y si puede,
que se quede un poco más.
Sin exigir claridad inmediata.
Sin pedir versiones ordenadas de lo que siento.
Solo quedarse.
Mirar.
Sostener.
Porque hay formas de amor
que no se dicen…
se reconocen.
Y en ese reconocimiento,
uno empieza, poco a poco,
a entenderse también.
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