Ella tomó de mi copa,
sin preguntar, como si el vino
hubiera estado esperándola.
Yo no dije nada.
Solo la miré beber
y supe que ya no había regreso.
Porque hay gestos que sellan pactos
sin necesidad de palabras.
Y en ese instante,
mientras sus labios rozaban el borde
que aún llevaba mi aliento,
yo también la bebí entera,
sin tocarla.
Trovador del Alba
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