“La muerte se sentó a mi lado”
La muerte se sentó a mi lado.
No venía por mí, pero venía cerca.
Traía ese silencio que pesa más que cualquier palabra
y esa manera suya de recordar lo frágil que es todo:
la risa, los pasos, los nombres que uno ama.
No sentí miedo, sentí respeto.
Porque cuando la muerte se sienta a tu lado
te obliga a mirar lo que has postergado,
a abrazar lo que aún tiene pulso,
a decir lo que duele decir
y guardar solo lo que vale la pena guardar.
La muerte se sentó a mi lado
y entendí que hay días que no vuelven,
personas que no se reemplazan
y momentos pequeños que, sin saberlo,
salvan una vida entera.
No se quedó mucho tiempo.
Me miró, nada más,
como quien deja una advertencia amable:
“No desperdicies lo que todavía respira.”
Y entonces, por primera vez en mucho tiempo,
sentí que la vida —mi vida—
me estaba esperando a mí.
—Trovador del Alva
No hay comentarios.:
Publicar un comentario