— “Si mañana no estoy…”
Si mañana no estoy, hija,
quiero que te quede claro algo que ni el tiempo ni la ausencia pueden borrar:
Ser tu papá fue —es y será siempre—
el mejor regalo que Dios me dio.
No lo digo por nostalgia ni por miedo,
lo digo porque cada paso que diste,
cada caída que enfrentaste con esa valentía tuya,
cada vez que la vida te exigió más de lo que te tocaba,
me enseñaste a ser mejor hombre sin pedirlo.
Si mañana no estoy,
quiero que recuerdes que todo lo que eres
supera todo lo que soñé para ti.
Que tu luz no necesita permiso
ni mis manos sosteniendo tus alas.
Ya aprendiste a volar…
y a veces, hija, eso duele y enorgullece al mismo tiempo.
Si mañana no estoy,
llévate esto como una brújula silenciosa:
sigue siendo noble, aunque el mundo no lo sea;
sigue siendo fuerte, aunque tiemble la voz;
sigue siendo tú,
que para mí eso siempre fue suficiente.
Y si mañana sí estoy —porque la vida aún me conceda ese
milagro—
entonces te volveré a mirar como siempre:
con la certeza de que tu existencia
fue la forma más hermosa
que tuvo Dios de decirme que confiaba en mí.
Te amo, hija.
En presente, pasado y futuro.
Sin condición y sin calendario.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario