“Cuando la Ciudad Guarda Silencio”
La ciudad no cambia.
Sigue encendiendo sus luces, empujando sus horarios, cruzando pasos que no se
miran.
Lo que cambia es la manera en que la camino.
Después de estas historias entendí que no necesito huir del
ruido para encontrar lo sagrado.
Que no hace falta subir montañas cuando el milagro cabe en una esquina.
Que Dios no espera lejos: espera aquí.
En la banqueta donde me detuve.
En la ventana que dejó entrar la luz.
En la puerta que imaginé abrir algún día.
En la ciudad que solo veo por dentro.
Nada extraordinario ocurrió.
No se partieron los cielos.
No hubo respuestas definitivas.
Solo aprendí a mirar.
Y cuando uno aprende a mirar, la ciudad deja de ser tránsito
y se vuelve territorio.
Deja de ser paisaje y se vuelve espejo.
Deja de ser ruido y se vuelve llamada.
Tal vez eso sea la fe en tiempos urbanos:
caminar sabiendo que, aunque no siempre lo note,
hay Alguien que me encuentra incluso cuando creo que solo estoy pasando.
La ciudad sigue.
Yo también.
Pero ahora sé que no camino solo.
Trovador del Alba
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